¡Cuántas memorias en un tinto!

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El tinto es memoria, del cultivador quien aprendió el trabajo de su familia, del recolector que encuentra artesanal moler el grano, del transportador que para aguantar largos viajes por carretera necesitó de varias tasas durante el día; es memoria de la abuela,  abuelo,  madre  o padre, quienes siempre tuvieron este detalle con hijos o nietos,  del estudiante quién prefirió el tinto en vez del redbulle, del trabajador citadino que para aguantar más de diez horas despierto encontró en el café un satisfactorio hábito. 

Alrededor del tinto, se hace una fiesta, explicable solo desde el pretexto. Las sombras se asoman en la mañana, y el aroma es la canción, de quien sufre el frió en las zonas más altas de Colombia, y de quien, aguanta el calor en las zonas más planas, es el elixir del que se levanta con resaca y son las sombras de un bohemio, que solo encuentra compañía en el calor y aroma, que evocan  recuerdos.

El aroma de café es la adicción familiar, acogedora; es la razón para encontrar las palabras con la madre, el padre, el hijo, el vecino o el amigo. 

También los momentos más solos y más íntimos, deben estár acompañados por el tinto, para recordar, la terredad, esa inapagable agonía que nos recuerda, que nunca habrá suficiente tiempo para olvidar lo que fue, lo que dejamos atrás. 
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 Quiénes no se quedaron horas en un sillón, tomando un café como si fuera vino y reflexionando sobre intereses mundanos, o cuántos no vieron la novela, serie, película en su ejercicio de descanso, acompañándose del café, no más.

No puede faltar una tacita de café, de lo contrario no puedes continuar el día, es necesaria una  en la mañana y otra después del almuerzo para animarse a continuar resistiendo. Otros que se han dejado embrujar aún más, toman una tacita cada nada.


No rechace un café, recuerde que es la principal muestra de cordialidad, convirtiéndose en una invitación al diálogo y a la escucha. 

Feliz día.



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